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Y el sueño de Carlos Blanco, inmortalizado en los acordes del himno americanista, por fin se cumplió.
El Estadio Azteca tembló, pero ni siquiera necesitó de los ataques de las Águilas para cimbrarse desde lo más profundo.
El
simple hecho de que Guillermo Ochoa saltara a la cancha para calentar
fue más que suficiente para que el gigante de concreto -pintado en esta
ocasión de amarillo- demostrara que posee un corazón tan grande como la
historia del equipo que lo habita.
Justo unas semanas después del
ridículo azulcrema en el Clausura 2008, al terminar como sotaneros, el
fervor por los capitalinos está más vivo que nunca, tan fuerte como
siempre, tan presumido como lo indica su naturaleza.
Anoche no
importó quién era el rival. La Liga Deportiva Universitaria de Quito
sólo fue la comparsa para una fiesta que nadie imaginó que existiría,
pero a la que todos asistieron.
Por eso, resultó comprensible que
algunos jugadores ecuatorianos priorizaran tomarse fotografías en el
césped del Coloso de Santa Úrsula ante el esplendoroso marco, sobre
prepararse para el cotejo.
La de ayer era una velada amarilla y hasta el rival pareció comprenderlo, al menos en el entorno.
Eso
explica que las principales vías de acceso al Azteca se pintaran con
los colores americanistas cuando aún faltaban cuatro horas para el
arranque del partido.
Es cierto, muchos llegaron a la cita sobre
la hora, temiendo perderse la "calurosa" bienvenida al visitante, pero
hubo otros que dejaron todo en pos de no perderse un solo minuto de la
tercera semifinal libertadora en la historia de sus Águilas.
Porque aquel histórico triunfo sobre el Flamengo (3-0) en Río de Janeiro todavía es el motor que empuja las ilusiones amarillas.
Han pasado tres semanas de aquella campanada en Brasil, pero el orgullo por esa hazaña permanece intacto.
Y
si alguien lo olvida, ya hay quien se ha encargado de inmortalizarlo en
playeras con la leyenda: "Maracanazo, miércoles 7 de mayo de 2008".
Aunque
es complicado que se borre de la hoy emocionada memoria americanista,
que no olvidará como esas "11 Águilas valientes, de amarillo y azul"
sacaron la casta en el momento más oportuno.
Porque los sueños de
Carlos Blanco, el compositor del tema que identifica a los de Coapa se
han cumplido... El estadio tembló, casi estalló, con la presencia de los
pupilos de Juan Antonio Luna.