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Cuando Rodrigo Íñigo vio que Guillermo Ochoa le había puesto el último
eslabón a la cadena de errores americanistas, se tapó los ojos y dio la
espalda a la jugada que concluyó con el gol de Luis Alberto Bolaños
(63'). Aquello fue un fuerte golpe.
El defensa central de las Águilas tuvo una espantosa noche, muy similar
a las que vivió durante el torneo local, y los dos gigantes de ébano de
la Liga Deportiva Universitaria no lo perdonaron.
Porque Bolaños y Joffre Guerrón, las dos alas del equipo ecuatoriano,
no sólo fueron los creadores de la acción que le permitió a la LDU
sacar el empate (1-1) en el cotejo de ida de la semifinal en la Copa
Libertadores... Se erigieron como un par de demonios que llenaron de
miedo a la retaguardia amarilla, como verdaderos fantasmas.
En especial a Íñigo, quien no pudo con el paquete de sustituir a Ismael
Rodríguez, ausente a causa de padecer cansancio muscular en la pierna
derecha, un contratiempo que no pudo superar.
Eso explica que Juan Antonio Luna no dudara en sacrificarlo cuando
decidió modificar su parado táctico a línea de cuatro defensas.
Sí, el Estadio Azteca aún estaba colapsado por la anotación visitante,
pero eso no evitó que Rodrigo fuera abucheado, considerado el villano
de la noche... Hasta que Enrique Esqueda (73') decidió dar muestras de
que puede ser el compañero idóneo de Salvador Cabañas, siempre y cuando
lo decida.
Fue el revulsivo que el Coloso de Santa Úrsula requería para despertar
del letargo en el que el tanto de Bolaños lo había metido, pero el ‘7'
albo se encargó de terminar con el efímero frenesí.
Porque su expulsión, junto con la de Sebastián Domínguez (75'), pareció
ser un golpe más duro para las Águilas, sobre todo de cara al duelo del
próximo martes en Quito, Ecuador.
Es cierto, los pupilos de Edgardo Bauza perderán a uno de sus
principales motores, al hombre que trajo loco a José Antonio Castro,
pero el equipo dirigido por Juan Antonio Luna no contará con su bastión
en la zaga.
Lo que seguramente provocará que Íñigo repita como titular, pese a su
atribulada noche, porque Diego Cervantes está borrado por El Cabezón,
para quien su salida del cuadro titular era uno de los "ajustes" que
necesitaban, y con urgencia, los azulcrema.
Por eso ni siquiera intentó modificar tras la salida del central argentino.
El estratega de los mexicanos sabía que el 1-1 es un marcador muy
incómodo para viajar a Ecuador, por lo que dejó en Carlos Sánchez la
responsabilidad de cubrir el centro de la defensa, apoyado por Óscar
Rojas y El Gringo.
Claro, también con la fe de que Ochoa no se volviera a equivocar,
porque el guardameta no tuvo cara para reclamarle a Íñigo mientras
Bolaños festejaba. Fue un error de esos que difícilmente se olvidan.
Es por eso que ambos fueron los más cabizbajos rumbo al vestuario.
Las Águilas irán a Quito con la misión de hacer goles, esos que anoche
tanto se les negaron durante el último cuarto de hora, porque durante
los anteriores 75 minutos la Liga demostró tener más nivel que el que
su nombre indica. Fue un rival que se complicó en demasía.