francisco.salgado@eluniversal.com.mx
Es el señor sonrisas, aunque prefiere "el amigo de los postes". -No sé cuántos balones he estrellado esta temporada, dice. César Villaluz, no le niega la dentadura a nadie. Igual sonríe al policía de la entrada en La Noria, que a los aficionados. De hecho, aún se saborea el remate que estrelló en el arco de Vilar el miércoles pasado "le pegué muy arriba".
Nadie creería que está en el ojo de la semifinal. César camina con las manos en las bolsas y se balancea. Analiza una campaña trascendental para los canteranos celestes. -Sabíamos que era un torneo de consolidación para nosotros. Creo que hemos madurado, tenemos mayor contundencia, eso se debe a las muchas oportunidades que tenemos, a los muchos minutos que nos han dado y eso se nota a la larga en la cancha.
A sus 20 años, el chico aprendió que las críticas en un equipo como Cruz Azul se digieren, no se escuchan. "Siempre nos van a criticar, y nosotros hemos logrado revertirlas poco a poco, pero aún nos falta".
Es la cantera que carga a la cementera. Algo que no se impregnaba en los corazones cruzazulinos desde las épocas de las viejas glorias coleccionistas de títulos en los 70. "Este Cruz Azul se ve bastante bien, se transmite, se respira entre nosotros y creo que eso se lo hemos logrado proyectar a la gente. El secreto está en que todos se brindan, se mueren en la cancha, eso la gente lo nota".
No miente; el enojo de los suplentes es por mostrarse, la intensidad de los que juegan por no ver su nombre fuera. Que si no habían llegado a una final en el nuevo milenio: ya lo hicieron, que Pumas los había echado en tres Liguillas: ya lo rompieron, que hay sequía de 11 años... "Los estigmas se rompen poco a poco, con cada circunstancia y uno como equipo debe irlo superando paso a paso".
Villaluz se relaja. Presume sus botas rosas, esas que asegura sólo se vendieron 60 en México. Se acostumbra a la tensión, esa que vive en el túnel previo a chocar con el monstruo de las banderas. "Son momentos que no cambiaría por nada, te quedan para toda la vida, bastaría cerrar los ojos para recordarlos". El mismo túnel que en la ida ante el Atlante fue tomado por Luiz Darte, preparador físico, para hablarles de fortuna.
-Luiz nos habló fuerte. Nos dijo que estábamos donde queríamos. Que recordáramos todo lo que se pasó en el torneo, el sacrificio que representa la concentración, lejos de todo, dar lo máximo, que las metas están ahí, que todo depende de nosotros, que somos afortunados.
Por eso, nadie ha protestado por las largas concentraciones celestes, menos ante las exigencias del Maestro a la hora de estar en el cuarto o para llegar temprano a desayunos y comidas. "Todas las concentraciones son para mentalizarnos, para no dejar de pensar en el siguiente partido, en el rival, es comer y pensar sólo en el siguiente duelo".
No, el señor sonrisas no está preocupado, disfruta de la música electrónica, "algo que me motive antes de los partidos". Lo hará hoy por la noche y por supuesto, buscará sacudirse ese automote que empieza a rasguñarle, porque a nadie le gusta ser "el amigo de los postes".