francisco.salgado@eluniversal.com.mx
Conforme las horas pasan, la sangre celeste se calienta. Hoy, Cruz Azul parece diferente. Las semifinales que rondan en el estadio Azul alteran.
La afición se arremolina para esperar a un equipo que los hace creer, pese a que hay más de una década de sequía, en la que las vitrinas son cultivo de telarañas.
Sólo que esta vez, el fondo del túnel del azul tiene ritmo. Es la entrada al antro de moda, la música suena a todo lo que da, mientras el guardia vestido en negro y amarillo, hace las veces de cadenero, pero la puerta que separa vestidores del pasillo está reservada para los elegidos azules.
Uno a uno, los muchachos de Galindo entran a bañarse, aunque antes se escuchan aplausos al ritmo de la música. El ánimo está renovado y el pesimismo parece escondido.
Su salida a la calle es acompañada por sus seguidores que les aplauden. Villaluz, Yosgart, Torrado, Jimmy, todos se detienen, lo mismo Zeballos, que Vigneri.
Es una semireconciliación de la afición celeste con unos seguidores sedientos de la novena estrella.
Por hoy, los seguidores albergan esperanza, pese al potro que se les avecina; corresponde a los azules no defraudarla.