Cada vez me convenzo más, de que los sistemas imperantes en el balompié mexicano prohíjan la mediocridad.
Miren ustedes, estimados lectores, que permitir que el décimo lugar de la tabla general de competencia, tras 17 largas jornadas, sea candidato a ceñirse la corona, “es para Ripley”.
En cualquier otra latitud balompédica, sonaría ridículo; pero no en “aztecolandia”, en donde el Santos de Torreón, llega en buen momento, a la (mal) llamada fiesta grande del balompié nacional, como firme candidato, habiendo dejado fuera del festejo por principio de cuentas, a equipos que hicieron más puntos que ellos en la temporada regular, como fueron Monarcas y Chivas.
Un torneo en donde lo importante, como dijo José Alfredo Jiménez, no es llegar primero, sólo saber llegar. Una vez instalado en las finales, campea la especulación y muchas veces no es necesario siquiera; ya no digamos ganar un partido, sino marcar un gol para ser campeón.
Un equipo puede ir avanzando con el simple hecho de empatar sus dos cotejos a cero goles y pasar a la siguiente fase por haber quedado mejor colocado que su rival en turno durante la competencia; aunque no haya terminado en primer lugar; ya que, de la “maldición del superlíder”, se encargarán otros. Así, también puede concluir sin anotaciones la gran final y en los fatídicos tiros desde los once metros, “merecidamente”, coronarse campeón.
Se cambian fechas y modifican el calendario a su antojo, se perdonan sanciones a petición de parte, se deja de convocar a jugadores a la Selección por “sugerencia” de los dueños del balón, se enciman los compromisos de la Libertadores y la Sudamericana, en las fechas dobles todos los partidos se juegan el mismo día y casi a la misma hora.
En fin, no les quiero amargar la “fiesta”, solamente recordarles que, no nos asustemos cuando los nuestros no saben a ganar los partidos cruciales y se achican a la hora buena; sobre todo jugando de visitantes en cotejos internacionales; debido a que, así los hemos acostumbrado.
Un torneo de quinta, con arbitraje de cuarta, Técnicos de tercera, jugadores de segunda y afortunadamente… afición de primera.
jpe